martes, 4 de agosto de 2009

putadas&amor


Me dejaba completamente durrumbada en el suelo, como si me hubieran caído quilos de piedra encima o una docena de hombres salvajes me hubieran golpeado hasta dejarme descuadrizada en el suelo. Me hería por dentro, me quemaba, cada vez que sentía que su nombre aún seguía demasiado presente en su vida, cada vez que podía ver a la perfección que extrañaba toda esa dulcura que les unió, su clara piel entre sus manos, sus cuerpos entre la oscuridad de la habitación. Recordaba demasiado, y no podía con ello. Me conllevaba sentirme pequeña, senzilla, poca cosa. Me dolía el pecho como si una aguja helada me hubiera atrabesado el alma cada vez que su mirada era en busca de sus verdes ojos y cuando no podía disimular el odio hacia la distancia, quien se apoderó de ellos y de su amor incondicional. Me ahogé de te quieros falsos, de besos volátiles sin sentimientos, de manos unidas sin razón, de mentiras, de lágrimas, de noches sin poder dormir, de escusas baratas y de miradas sin-sinceridad. Me ahogé tantas veces, me remató tantas otras, me dejó arrodillada en el suelo con las cabeza gacha tantas más que vació mi corazón. Quedó terriblamente vacío, temoroso, resonane. Solamente dejó su nombre tatuado con tinta negra en lo más hondo de mi corazón y el dolor de aquél intenso (des)amor.

miércoles, 8 de julio de 2009

No hay nadie con quién poder hablar, qué sé yo si me escucharían. Les miro desde la barra como intercambian cerveza, vasos de champán. Todos sonríen aunque dudo que todos lo hagan de verdad, aún así, poco me importa. Fuman, todos fuman. Y aunque haya algunos que nunca fumen de por sí, cuando van a una fiesta siempre lo hacen. Aunque no les guste ellos fuman lo que sea, lo que les ofrazcan. Es algo que nunca entenderé. Varios se me acercan, así como aquél que no quiere y me pregunta, y les contesto que bien, que voy tirando, que como siempre. Me ofracen algo de tabaco, rechazo, me miran con cara extraña y se largan. Hasta que aparece otro y vuelve a suceder lo mismo. En el fondo quieren ser amables, lo sé yo. Mientras, yo pienso con la cabeza apoyada a mi mano izquierda. Si hubiera alguien con un poco de cerebro y con más ganas de menos fiesta se dirigiría a mí. Y si tubiera una pizca de curiosidad me preguntaría con un tono diferente a los demás, y si eso pasara, seguro que me robaría mis secretas palabras que guardo dentro de mí. Entonces, notaría mi irritación, mi rábia escondida en cada poro de mi piel, mi ira. Tal vez mis ganas de quitar las láminas de una pared sólo pare desahogarme. Me imaginaría golpeándo el suelo con mis pequeños e inútiles puños y revolcándome por la almohada un tanto húmeda. Y quizá si me investigara un poco más le contaría que rebusco en la tierra para seguir unas pisadas escondidas entre la hierva, que mi mente se encuentra en búsqueda de algún sitio algo romántico donde los cuentos felizes no sean simples histórias inventadas. En aquél instante alguien, si quererlo, me golpeó la espalda y un poco más y el wisky se derriba por encima la barra. En ese momento me dí cuenta que estube todo el tiempo pensando otra vez en voz alta. Un hombe con un sombrero de cowboy, una heineken en la mano y un Marlboro en la otra, me miraba con una mirada llena de preguntas. Sin decir nada supe que él me había estado escuchando desde el principio de mis argumentos y sin decir nada salí de la puerta de ese bar con sus ojos aún pegados a mi espalda.

miércoles, 1 de julio de 2009

Cada latido es un paso más, es parecido a los segundos del tic-tac de nuestro reloj aunque éste mata el tiempo y los latidos la vida. Cruzas la calle arrastrando los pies, acariciando el asfalto que arde a causa del intenso calor que cae en picado encima de él. Sólo tu cuerpo atraviesa ese laberinto de coches; tu mente junto con tu alma han volado más allá que el propio cielo. Casi tropiezas con una piedra y bajas de ahí donde estabas en segundos: pierdes el equilibro pero lo recuperas fácilmente vacilándote a ti misma que has superado otro obstáculo más para no llegar a la felicidad eterna. Y en ese mismo instante, no sabes por qué, pero alzas la vista y está ahí: dentro de un cotxe que también se ve sometido a una búsqueda para liberarse del mismo laberinto que todos los demás. Y esos tres míseros segundos, su mirada hace que se encuentren, que se toquen, se hablen como nunca. La imagen del otro invade su mente completamente. Sus imágenes serán encarceladas en su memoria para siempre. Su olor, su cuerpo claro, sus pies helados entre mis pierdas para robar mi calor... simples recuerdos. Tres segundos que les hará robar horas de su tiempo para recordar, para intuir su amor, para percibir la añoranza, para saber lo infinito que es el olvido y para reconocer el sentimiento real del amor.Y después de todo, por un instante, odia haberse tropezado con esa maldita piedra, odia haber tenido la idea de cruzar esa calle, y sobretodo, odia haber tenido su mente y su alma tan lejos del mundo real... Seguramente que si no hubiera sido así, no hubiera tropezado.-Es lo que tienen las caídas o un simple tropezón...-piensa.

lunes, 11 de mayo de 2009

esta eres tú

Eres miel. Eres sabiduría. Eres felicidad. Eres todo lo que viviste y algún día vivirás. Estás formada por cada recuerdo nuestro, por cada llamada. Por cada mensaje que recibiste y lloraste al instante después de leerlo. Eres fugaz. Estás; ya no estás. Igual que un intermitente. Igual que un vaivén instantáneo o como las gotas que caen repetitivamente en la bañera y hacen vibrar el agua. Estás sonriendo. Me gustaría que pensaras en mí, en nosotros. Tus labios me informan de tu felicidad. Estás sola, pero aún así eres feliz, se te nota en la cara. Yo te sigo observando desde este diminuto agujero. Adoro verte. ¡Eres tan curiosa! ¡Tan guapa, maravillosa! De repente te paras a mirarte en el espejo. Lo tocas. Te llevas la mano en las mejillas y cierras un poquito los ojos, como si vieras algo extraño en ti. Ojalá supiera el qué, ojalá supiera el cómo y el por qué de la maldita lágrima que veo como cae acariciando tu rostro.

miércoles, 6 de mayo de 2009


La oscuridad me ciega los ojos. Los minutos me matan la vida. Las mentiras me golpean repetitivamente el alma. Qué sensible soy. Mis párpados, ya rojos, me queman. Estoy sola y aún así desearía ser invisible. Cada lágrima es un grito en silencio. Quiero huir antes de enfrentarme a mis retos. Soy demasiado poco fuerte. Me cuesta coger oxígeno; me cansa respirar. Me intento coger fuerte pero no tengo dónde ni el qué. Tengo la cabeza gacha, mirándome las puntas de mis pies ya helados. Pido un poco de tu calor, sólo un poco. Mis pómulos arden y están completamente inundados. Mi vista se nubla. Lo veo todo tan frágil que me gustaría romperme. Hoy he llegado con los nudillos cansados, con esperanzas de encontrarte. Pero sólo has dejado el rastro de tus colillas reposando en el cenicero... tal vez aún quede el saber de alguno de tus besos...

martes, 5 de mayo de 2009

Mi último escrito.

"Por enésima vez me decido a coger el bolígrafo para escribirte. Las cosas han cambiado mucho desde que te deslizaste fuera de nuestras vidas y nuestro entorno. A mamá Rosalie le cuesta mucho trabajo sacar la familia adelante aunque ahora Rubén ejerce de mecánico dos calles más arriba. Nos hemos trasladado casi en la otra punta de nuestro pueblo y la anterior casa la vendimos ya que los recuerdos nos envenenaban lentamente y no conseguíamos escapar del dolor. Andrea aún no entiende muy bien cómo es que ya no estás. Le hemos contado varias veces cuál fue el problema pero nunca es capaz de asimilarlo del todo y decidimos contárselo cuando cumpla un par de años más. Tu hermana acostumbra a visitarnos diariamente y ayuda a mamá a hacer las tareas domésticas. Sigue fumando sin control, pero nos rendimos de insistirle que no lo hiciera, ya sabes cómo es. Yo abundantemente recuerdo para mí mismo todos nuestros momentos más felices. Sin duda faltas tú, en esta casa, en cada conversación... He dejado a parte el fútbol y hecho en falta cuando nos íbamos juntos al bar a echarnos algunas partidas al futbolín o tal vez al billar. Algunas veces, cuando estoy sólo en casa, voy en busca de tu armario a recordar el olor a ti que se quedó impregnada en tu ropa. Cuando estoy rodeado me cuesta fingir que estoy bien. Siento una nostalgia horrible cada vez que menciono todos mis sentimientos aunque sea en un simple papel como este. Los ojos se me humedecen con extrema facilidad y el corazón se dispara de vez en cuando como si quisiera salirse del pecho, no lo puedo controlar. Sé que nadie más podrá ocupar este vacío que tú me dejaste. Y espero que cuando lo leas entiendas cada uno de los sentimientos que contienen estas letras. Que sepas que cuando te fuiste fue el dolor más amargo que he vivido jamás.
Dentro de poco cumplirá un año desde que te fuiste, desde que no te escucho, desde que sólo puedo verte y tenerte en mi imaginación y que vivo sin ti. Sucedió todo con tal rapidez que no tuve tiempo de despedirme de ti, por eso te escribo esta carta. Para decirte que te quiero, papá. Que los días son duros y largos y las noches aún más. Recuerdo cuando te hallabas en tu cama, enfermo; y yo me sentaba a tu lado y te contaba qué tal me había ido el día en la escuela, fingiendo mi profundo dolor. Contemplaba tus ojos azulísimos tan iguales a los míos, tus párpados, tus labios, tu rostro. Siempre te admiré porque pasara lo que pasara siempre seguías con una sonrisa, con cientos de planes que juntos debíamos realizar y miles de ganas de aterrar a la vida con cierta fortaleza. Y al terminar de hablar, salía de aquella habitación y mecánicamente partía a llorar sin descaro, gritando en silencio. Sin entender por qué tenías que ser precisamente tú el que estaba en aquella maldita cama, ni comprender la rabia y la furia que sentía en mi interior. Nunca entendí lo que era echar de menos hasta el día que te fuiste. Te advierto que nunca me acostumbraré a estar sin ti. Cada noche cuando cierro los ojos, mi imaginación viaja y sueña con no despertar más y así, tal vez, pueda llegar a tu mundo y volver a abrazarte y a decirte lo poco que me convierto cuando tú no estás. Y te prometo que en ese preciso instante entre tus brazos, será el día más feliz de mi muerte.”

sábado, 4 de abril de 2009

Me pregunto de dónde saldrá mi imaginación cuando no existen sentimientos. Páginas en blanco. Libretas aún por estrenar. Y noto como ahora mi mundo se ha convertido en el único sin banda sonora. La primavera cae en picado y yo sigo con mi bolígrafo azul en la mano con intención de tintarlo todo de nostalgia, melancolía, congoja, desconsuelo. Y ahora es cuando deseo más que nunca que algún día te sientas tan vacío como yo en estos instantes. Que cuando la tristeza se te eche en cara no sepas controlarlo. Que nadie pueda igualar el cariño que te transmití. Deseo que todos nuestros besos te quedasen cicatrizados en tu cerebro y así, tal vez, nadie podrá ahogar definitivamente todos nuestros cálidos recuerdos en un océano sin fin.