miércoles, 6 de mayo de 2009


La oscuridad me ciega los ojos. Los minutos me matan la vida. Las mentiras me golpean repetitivamente el alma. Qué sensible soy. Mis párpados, ya rojos, me queman. Estoy sola y aún así desearía ser invisible. Cada lágrima es un grito en silencio. Quiero huir antes de enfrentarme a mis retos. Soy demasiado poco fuerte. Me cuesta coger oxígeno; me cansa respirar. Me intento coger fuerte pero no tengo dónde ni el qué. Tengo la cabeza gacha, mirándome las puntas de mis pies ya helados. Pido un poco de tu calor, sólo un poco. Mis pómulos arden y están completamente inundados. Mi vista se nubla. Lo veo todo tan frágil que me gustaría romperme. Hoy he llegado con los nudillos cansados, con esperanzas de encontrarte. Pero sólo has dejado el rastro de tus colillas reposando en el cenicero... tal vez aún quede el saber de alguno de tus besos...

martes, 5 de mayo de 2009

Mi último escrito.

"Por enésima vez me decido a coger el bolígrafo para escribirte. Las cosas han cambiado mucho desde que te deslizaste fuera de nuestras vidas y nuestro entorno. A mamá Rosalie le cuesta mucho trabajo sacar la familia adelante aunque ahora Rubén ejerce de mecánico dos calles más arriba. Nos hemos trasladado casi en la otra punta de nuestro pueblo y la anterior casa la vendimos ya que los recuerdos nos envenenaban lentamente y no conseguíamos escapar del dolor. Andrea aún no entiende muy bien cómo es que ya no estás. Le hemos contado varias veces cuál fue el problema pero nunca es capaz de asimilarlo del todo y decidimos contárselo cuando cumpla un par de años más. Tu hermana acostumbra a visitarnos diariamente y ayuda a mamá a hacer las tareas domésticas. Sigue fumando sin control, pero nos rendimos de insistirle que no lo hiciera, ya sabes cómo es. Yo abundantemente recuerdo para mí mismo todos nuestros momentos más felices. Sin duda faltas tú, en esta casa, en cada conversación... He dejado a parte el fútbol y hecho en falta cuando nos íbamos juntos al bar a echarnos algunas partidas al futbolín o tal vez al billar. Algunas veces, cuando estoy sólo en casa, voy en busca de tu armario a recordar el olor a ti que se quedó impregnada en tu ropa. Cuando estoy rodeado me cuesta fingir que estoy bien. Siento una nostalgia horrible cada vez que menciono todos mis sentimientos aunque sea en un simple papel como este. Los ojos se me humedecen con extrema facilidad y el corazón se dispara de vez en cuando como si quisiera salirse del pecho, no lo puedo controlar. Sé que nadie más podrá ocupar este vacío que tú me dejaste. Y espero que cuando lo leas entiendas cada uno de los sentimientos que contienen estas letras. Que sepas que cuando te fuiste fue el dolor más amargo que he vivido jamás.
Dentro de poco cumplirá un año desde que te fuiste, desde que no te escucho, desde que sólo puedo verte y tenerte en mi imaginación y que vivo sin ti. Sucedió todo con tal rapidez que no tuve tiempo de despedirme de ti, por eso te escribo esta carta. Para decirte que te quiero, papá. Que los días son duros y largos y las noches aún más. Recuerdo cuando te hallabas en tu cama, enfermo; y yo me sentaba a tu lado y te contaba qué tal me había ido el día en la escuela, fingiendo mi profundo dolor. Contemplaba tus ojos azulísimos tan iguales a los míos, tus párpados, tus labios, tu rostro. Siempre te admiré porque pasara lo que pasara siempre seguías con una sonrisa, con cientos de planes que juntos debíamos realizar y miles de ganas de aterrar a la vida con cierta fortaleza. Y al terminar de hablar, salía de aquella habitación y mecánicamente partía a llorar sin descaro, gritando en silencio. Sin entender por qué tenías que ser precisamente tú el que estaba en aquella maldita cama, ni comprender la rabia y la furia que sentía en mi interior. Nunca entendí lo que era echar de menos hasta el día que te fuiste. Te advierto que nunca me acostumbraré a estar sin ti. Cada noche cuando cierro los ojos, mi imaginación viaja y sueña con no despertar más y así, tal vez, pueda llegar a tu mundo y volver a abrazarte y a decirte lo poco que me convierto cuando tú no estás. Y te prometo que en ese preciso instante entre tus brazos, será el día más feliz de mi muerte.”

sábado, 4 de abril de 2009

Me pregunto de dónde saldrá mi imaginación cuando no existen sentimientos. Páginas en blanco. Libretas aún por estrenar. Y noto como ahora mi mundo se ha convertido en el único sin banda sonora. La primavera cae en picado y yo sigo con mi bolígrafo azul en la mano con intención de tintarlo todo de nostalgia, melancolía, congoja, desconsuelo. Y ahora es cuando deseo más que nunca que algún día te sientas tan vacío como yo en estos instantes. Que cuando la tristeza se te eche en cara no sepas controlarlo. Que nadie pueda igualar el cariño que te transmití. Deseo que todos nuestros besos te quedasen cicatrizados en tu cerebro y así, tal vez, nadie podrá ahogar definitivamente todos nuestros cálidos recuerdos en un océano sin fin.

viernes, 3 de abril de 2009

Y desaparecer de tu único mundo como quién tira su colilla al suelo. Pasear por el margen de la vida como si nunca hubieras pisado Tierra. Observar la fotografía hasta el más mínimo detalle y ver que aún saboreas el sabor de aquél antiguo beso. Rábia. Impoténcia. Y ya no te ves en este oscuro mundo. Te camuflas entre la multitud y de repente unos brazos te rodean. No es él; suspiras... y dejas caer tu triste sonrisa sobre su piel.

martes, 24 de marzo de 2009

L o v e

Verás, quizá nunca te habías dado cuenta del temblor de mi cuerpo al aproximarte hacia mí, ni al tartamudeo de mis palabras al escuchar tu voz. Y es que cuando te tengo a pocos pasos me moldeas de tal manera que en lo único que soy capaz de pensar es en ti y entonces todo nuestro entorno desaparece y sólo nos quedamos tú y yo, cara a cara. Y te miro a los ojos sonrojándome y tú sigues hablando sin más, y sin darte cuenta que todo tú me has dejado completamente perpleja y sin voz para responderte ni contarte con lo mucho que me convierto cuando me sonríes con aquella sonrisa tan pícara que es capaz de elevarme hasta al cielo y aterrar en el suelo al mismo tiempo.

B l o o d


Es una sensación horrible. La hemorragia no se detiene, la sangre no deja de bañar mi rostro de color granate a cada instante. Estoy inmóvil. Ya no pienso y parece que el sentido del tacto también haya desaparecido entre la oscuridad. El silencio me invade. Sola, cada vez sintiéndote más bacía en mi interior. Siento que estoy temblando, la temperatura de todo mi cuerpo baja lentamente. Los latidos de mi corazón cada vez son más lentos. Mis oídos han quedado sordos, no escuchan o tal vez no quieren escuchar. Mis piernas no responden, no me muevo. No respiro. No siento. No noto. No lloro. Estoy llegando a la felicidad eterna... mi corazón ya no late.

lunes, 23 de marzo de 2009

diminuta existencia

Me movería si mis piernas tuvieran el valor de hacerlo. Me callaría si mi boca fuera capaz de contener todas las palabras que circulan por mi cerebro. También me alejaría de las pequeñas almas (poco sinceras) que vagabundean por aquí y... por qué no, también olvidaría, rompería y tiraría mi despellejo corazón y su dulce tic-tac a volar por los aires empapados y contaminados de mentiras tan grandes como puños. Qué hipocresía... produce dolor en mi interior. Y qué grandes se ven cuando se miran al espejo, y qué diminutos los ves en tus ojos. Ahora te pierdes buscando las respuestas de tus propias preguntas, e intentas no caerte pero te caes y de nuevo usas los pocos refuerzos para aunque sea, mantenerte en pié.
Te caíste hondo y muy lejos, con esperanzas casi nulas de volver a verte tan radiante como antes; y ahora tus defensas caducaron eternamente y con punto y final. Ahora te has convertido en la diminuta silueta. Ahora eres tú la figura opaca clavada en el suelo vagabundeando por tu único, curioso y peculiar territorio: tu mente.
Y qué será de ti –le preguntas a tus adentros- qué harás ahora, ¿dónde irás? No te habías sentido nunca tan sola como ahora que tu mundo se colorea solamente de color negro y varios tonos grisáceos. Y en estos instantes es cuando la vida se te enfrenta de cara y tú aún no has tenido suficiente tiempo ni valor para asimilarlo por completo. Y luchas con tu máxima voluntad hasta que ya no te vales ni para ti misma. Reconoces que tu vida es una lucha continua en la que te puedes afrontar con miles de cosas a cada callejón de tu mundo. Te sientes como si te hubieran encerrado para impedirte ver más allá que a simple vista, como si estuvieras encerrada intentando conquistar el mundo pero sin éxito o como si todas las demás personas se situasen en el núcleo y a ti me hubieran echado a patadas hasta dejarte al margen. Ya te habías acostumbrado a quedarte en aquella frontera del mundo, en aquél borde, mirando delicadamente aquél mundo tan lejos de ti. Te acostumbraste a tener el corazón apagado, sin luz, y sin que las palpitaciones aceleraran... hasta que apareció él.